Semillas extraterrestres llegan a la Tierra

A finales del año 2014, un equipo de científicos del Centro de Astrobiología de Buckingham, situado en Inglaterra, publicaban un descubrimiento sorprendente: una pequeña bola de metal atrapada en la estratosfera que emanaba material biológico de tipo extraterrestre..

Imagen de 'LaVanguardia'


El titular aunque no lo parezca, es real: “Científicos creen haber hallado una ‘semilla’ alienígena”. La noticia, que fue publicada por el diario La Vanguardia, agregaba que un equipo de científicos de la Universidad de Buckingham habían encontrado unas semillas extraterrestres en un diminuto objeto esférico de metal, y que estaba compuesto por una aleación de vanadio y titanio.

Entonces: ¿Es posible que algunas civilizaciones de otros planetas estén intentando sembrar sus semillas en la Tierra? Y si fuera así, ¿Con qué propósito?

Al leer esto, nos asoman a la mente escenas de películas como “La semilla del espacio” (1962), en la que una lluvia de meteoritos transforma en monstruos unas plantas traídas del espacio y vuelve ciegos a la mayoría de la habitantes; o “La invasión de los ultracuerpos” (1978), en esta película unas esporas escapan de un lejano planeta y viajan por el universo hasta aparecer en la Tierra. Una vez aquí, las esporas mezcladas con la lluvia, crecerán como parásitos convirtiendo en zombies a los seres humanos mientras duermen. Pero aquello no era una mera película de ciencia ficción, ¡era un descubrimiento científico! Es más, la microfotografía que se adjuntaba a la noticia, jamás vista antes, mostraba una especie de globo metálico escupiendo material biológico. Ese diminuto objeto confirma la teoría de la Panspermia propuesta desde hace décadas por Francis Crick, Premio Nobel.

Panspermia ¿comprobada?


La hipótesis de Crick proponía que una avanzada civilización extraterrestre pudo distribuir la vida en el Universo. No por meteoritos, tampoco por azar, sino enviando y dispersando capsulas con los componentes necesarios para poder generar la vida -o la vida misma- las cuales llegaron a los océanos primitivos de la Tierra y -probablemente- de otros mundos, como parte de un grandioso plan. Muy a menudo los científicos pasan por alto este detalle de la hipótesis de Crick y, aunque admiten que la vida pudo haber llegado al planeta desde el espacio, indican que lo hizo a través de meteoritos.

También el profesor Milton Wainwright y su equipo de investigación de la Universidad de Sheffield hallaron  pequeños organismos que podrían haber llegado desde el espacio y que fueron descubiertos en un balón especialmente diseñado para este propósito y que se envió a la estratosfera a 27 kilómetros de altura, durante una lluvia de meteoritos Perseidas. Actualmente, este profesor honorífico del Centro de Astrobiología de Buckingham, en Inglaterra, se inclina más en favor del científico que descubrió la estructura molecular del ADN. Su descubrimiento podría desvelar, además, un siniestro propósito: ¿Y si se tratase de un agente infeccioso para el que no tenemos defensas ni cura?


La bacteria Tersicoccus phoenicis resiste en las salas blancas para naves espaciales


Riesgo de infección por las semillas extraterrestres


En el año 2013 una nueva bacteria fue descubierta, la Tersicoccus phoenicis. Fue registrada en sólo dos lugares separados entre sí por miles de kilómetros: en el Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Florida, y en la base espacial de la ESA en Kourou, en la Guayana francesa. Pero lo más enigmático es que el microorganismo se halló en sus respectivas salas blancas, es decir, en zonas especialmente diseñadas para evitar la contaminación biológica.

A los científicos e ingenieros siempre les ha preocupado el riesgo de exportar organismos terrestres durante las misiones espaciales. Ahora sabemos que el Rover Curiosity de la NASA, el cual lleva cerca de dos años explorando Marte, despegó con polizones a bordo. Diversas muestras del vehículo que se tomaron antes de su lanzamiento han mostrado la existencia de decenas de bacterias, a pesar de los sistemas de esterilización.

Los investigadores sometieron a las 377 cepas que encontraron en el Rover a todas las pruebas inimaginables. Las expusieron a temperaturas extremas, las desecaron, las sometieron a niveles de pH muy elevados, e incluso a la más letal, a altos niveles de radiación ultravioleta. Y nada, el 11% de las cepas sobrevivieron.

¿Intencionalidad?


Tras el descubrimiento del Centro de Astrobiología de Buckingham hay que plantearse, además, si existe o no una intencionalidad. Su director Chandra Wickramasinghe plantea la teoría de que la minúscula bolita haya sido enviada a la Tierra por una civilización desconocida para poder seguir sembrando el planeta con más vida. La idea no es nada despreciable.

El vehículo empleado, la microbolita (con semillas extraterrestres), la recogió un globo a 27 Km. de altura mientras recogía partículas y polvo de la estratosfera. La estratosfera, por cierto, es una parte de nuestra atmósfera que ya estuvo en el punto de mira, hace décadas, por otro microorganismo, salvo que, en aquella ocasión, se relacionó con un avistamiento OVNI.