La base política de la “guerra contra el terrorismo” del régimen de Washington es un ataque planetario y continuado contra los gobiernos independientes. La principal razón por la que Washington se empeña en guerras, sanciones y operaciones clandestinas para asegurar su poder en el exterior es que sus clientes no consiguen ganar en elecciones libres.
Un breve repaso a resultados electorales recientes muestra el escaso atractivo que tienen para sus votantes los partidos apoyados por Washington. La mayoría de los electorados democráticos rechazan a los candidatos y partidos que apoyan la agenda global estadounidense: políticas económicas neoliberales; una política exterior muy militarizada; la colonización y anexión israelí de Palestina; concentración de la riqueza en el sector financiero; y escalada militar contra Rusia y China. Mientras la política de EE.UU. intenta volver a imponer el saqueo y el dominio de la década de los noventa mediante regímenes clientelares reciclados, los electorados democráticos desean avanzar mediante gobiernos menos belicosos y más inclusivos que restauren los derechos laborales y sociales...
EEUU pretende imponer el mundo unipolar de la era Bush padre y Clinton y se muestra incapaz de reconocer los enormes cambios que ha experimentado la economía mundial, entre otros el ascenso de China y Rusia como potencias, la aparición de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y otras organizaciones regionales y, sobre todo, el aumento de la conciencia democrática de los pueblos.
Al no poder convencer a los votantes mediante la razón o la manipulación, Washington ha optado por intervenir mediante la fuerza y financiar a organizaciones que subviertan el proceso electoral. La facilidad con que la política exterior de EE.UU. recurre a las armas y la coacción económica cuando no consigue el “resultado apropiado” mediante las urnas muestra su naturaleza profundamente reaccionaria. Reaccionaria tanto en sus fines como en los medios utilizados para conseguirlos. En la práctica, las políticas socioeconómicas imperiales aumentan las desigualdades y reducen el nivel de vida. Los medios para conseguir el poder, los instrumentos de esas políticas, que incluyen guerras, intervención y operaciones encubiertas, son similares a los de los regímenes extremistas y cuasi-fascistas de extrema derecha.
