Mostrando entradas con la etiqueta Armas químicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Armas químicas. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de mayo de 2019

El domo de Runit, el "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en un atolón del océano Pacífico

La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi: "Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área", dijo.

viernes, 7 de noviembre de 2014

EEUU: Pentágono admite que 629 soldados fueron expuestos a armas químicas

Más de 600 militares norteamericanos reportaron a los servicios médicos del ejército de su país, haber estado expuestos a agentes químicos en Iraq, según reseña una investigación ordenada por el Pentágono.

Luego de una investigación periodística realizada por el diario The New York Times, que reveló que 17 militares habían sido afectados por gas sarín o agente mostaza de azufre, durante su presencia en el país centroasiático, el Secretario de Defensa Chuck Hagel, ordenó la pesquisa.




Según el portavoz del director de salud del ejército, coronel Jerome Buller, la revisión ordenada por Hagel mostró que 629 uniformados respondieron afirmativamente haber estado expuestos a agentes químicos.

The New York Times destaca que el nuevo recuento de casos potenciales sugiere que hubo más contactos de humanos con las armas químicas, incluyendo soldados extranjeros, contratistas privados, y también estuvieron en riesgo las tropas iraquíes y los civiles. Al no haber actuado durante años, el Pentágono dice que ahora se ampliará el alcance a los veteranos, subraya el Times.

El exsargento del ejército Jordan Zoeller -uno de los afectados-, declaró al The New York Times que es “demasiado poco y demasiado tarde” lo que está haciendo ahora el Pentágono.
Zoeller formaba parte de un pelotón que fue expuesto a un agente mostaza de azufre, mientras destruían proyectiles de artillería enterrados cerca de Taji, en 2008.

El exsargento se retiró del servicio activo por razones médicas después de desarrollar una serie de problemas de salud, como el asma y la psoriasis.
Dijo que su dificultad para respirar comenzó pocas semanas después de que el episodio con las armas químicas. En ese momento -cuenta-, el Ejército negó que hubiera estado expuesto y no examinó sus afirmaciones. “Nunca nadie me creyó”, dijo Zoeller.

Después que salió a la luz la investigación del diario neoyorquino, el Pentágono anunció que se abriría una línea telefónica nacional gratuita para los miembros del servicio y veteranos que informen las exposiciones potenciales y que permita que sean evaluados o atendidos por médicos.

El director de los programas de veteranos en el Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, Phillip Carter, calificó como un fracaso del Pentágono la forma de organizar y dar seguimiento a la información, lo que consideró un descuido impresionante.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Pacto de Silencio: La mentira del aceite de colza

Pacto de Silencio, libro citado en los sumarios del Juicio del Síndrome Tóxico, denuncia y documenta que el aceite de colza no pudo ser el causante de la intoxicación colectiva del Síndrome Tóxico, y que muchos de los afectados podrían estar curados si no se hubiera ocultado la verdadera causa de la intoxicación.

La lectura de la sentencia hizo referencia al libro Pacto de Silencio, afirmando de él que había sido patrocinado por los abogados de la Defensa. Por esta falsa afirmación, Andreas Faber-Kaiser expresó su intención a los medios de comunicación de cursar la correspondiente denuncia contra el Tribunal...


domingo, 6 de abril de 2014

EEUU almacena armas químicas desde la II guerra mundial

Estados Unidos es uno de los países del mundo que almacena la mayor cantidad de armas químicas desde hace varias décadas. Al menos 388 mil municiones pertenecientes al Ejército norteamericano se encuentran enterradas en varias regiones de esa nación. 



Un informe publicado este miércoles en el diario estadounidense Stars and Stripes, reveló que en Estados Unidos existen al menos 240 zonas identificadas donde se encuentran enterradas armas químicas que aún no han sido destruidas por el Gobierno de ese país. De acuerdo con la publicación, en 40 estados de esa nación se encuentran arsenales de municiones que datan desde la II Guerra Mundial... 

miércoles, 1 de enero de 2014

Las drogas y la máquina de guerra de Estados Unidos

El ex diplomático canadiense Peter Dale Scott aprovecha su jubilación para estudiar detalladamente el Sistema de Estados Unidos y sigue describiéndolo en sus libros. En esta entrevista responde a nuestro colaborador Maxime Chaix, traductor de sus trabajos al idioma francés.



Maxime Chaix: En su último libro, La Machine de guerre américaine, usted estudia profundamente lo que usted llama la «conexión narcótica global». ¿Puede aclararnos esa noción?


Peter Dale Scott: Permítame, ante todo, definir lo que yo entiendo por «conexión narcótica». Las drogas no entran en Estados Unidos por arte de magia. Importantes cargamentos de droga son enviados a veces a ese país con el consentimiento y/o la complicidad directa de la CIA... 

El estado español y la venta de armamento en el mundo.

Los seis grandes países mundiales exportadores de armamento son; Alemania, China, EEUU, Francia, Reino unido y Rusia, que suministran en torno a tres cuartas partes del valor de las armas que hay en el mundo. 

En plena crisis económica, en  el estado español se ha facturado en el primer semestre del año 1821 millones de euros gracias a la exportación de armas.

El estado español ha aumentado un 194 % la venta de armas frente al mismo periodo del 2012 y esta instalado entre los 8 primeros países del mundo exportadores de armamento.

Después de observar estos impresionantes beneficios y la subida que experimenta el estado español en el ranking mundial de fabricantes de armamentos, actualmente instalado entre los ocho primeros del mundo, los ministros estatales volverán a sacar pecho sobre sus políticas económicas, que tanto bien hace a los bolsillos de los grandes empresarios. Los gobernantes y las distintas empresas beneficiadas por la venta de armamentos se frotan las manos sumando cifras, que irán a engordar sus respectivas cuentas bancarias, por que con las guerras y sus consecuencias devastadoras también ganan dinero...


Las armas químicas

Las armas químicas son aquellas que se basan en las propiedades tóxicas de determinadas sustancias químicas capaces de alterar la fisiología de los seres vivos, causando graves daños o incluso la muerte. Dichas “sustancias químicas” reciben la denominación técnica de ‹‹agentes químicos››, los cuales, junto con el sistema de lanzamiento y dispersión, configuran el arma química.

El anterior es un concepto teórico con finalidad explicativa; ya que, desde un punto de vista normativo-operacional, la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas) ha establecido la siguiente definición:

Por “armas químicas”se entiende, conjunta o separadamente: 

a) Las sustancias químicas tóxicas o sus precursores, salvo cuando se destinen a fines no prohibidos por la presente Convención, siempre que los tipos y cantidades de que se trate sean compatibles con esos fines
b) Las municiones o dispositivos destinados de modo expreso a causar la muerte o lesiones mediante las propiedades tóxicas de las sustancias especificadas en el apartado a) que liberen el empleo de esas municiones o dispositivos
c) Cualquier equipo destinado de modo expreso a ser utilizado directamente en relación con el empleo de las municiones o dispositivos especificados en el apartado b)

Agentes neurotóxicos actuando

Clasificación de las Armas Químicas


Las armas químicas pueden clasificarse según una serie de parámetros. Estos son los más comunes.

Según la intensidad de su acción:
Incapacitantes: No producen la muerte del afectado, únicamente le incapacitan de forma temporal o permanente.
Letales: Producen la muerte del afectado, la muerte puede ser rápida o prolongarse en una lenta agonía.
Según el tipo de efectos que producen (esta clasificación es de la OPAQ):

Agentes neurotóxicos o gases nerviosos: Interfieren con el sistema nervioso central, actuando principalmente y de forma irreversible sobre los neurotransmisores que regulan los impulsos nerviosos. La exposición primaria es por contacto con el líquido, la secundaria por inhalación de vapor. Cuando el contacto es por la piel, actúa entre 2 y 18 horas; cuando es por inhalación, en segundos o minutos, dependiendo de la sustancia. Ejemplos de este tipo son: tabún, sarín, soman y VX. Los síntomas son: contracción de las pupilas, oscurecimiento de la visión, convulsiones, cefalea extrema, opresión del pecho, disnea, dificultad para respirar, líquido en la nariz, tos, salivación, insensibilidad. A diferencia de los agentes que atacan la piel, envenenan la sangre o afectan principalmente a los pulmones, los agentes nerviosos son mucho más letales.

Agentes asfixiantes: Causan daño a los pulmones. La exposición es siempre por inhalación. Ejemplos son el cloro y el fosgeno. Dependiendo de la sustancia, los efectos son inmediatos o aparecen en un curso aproximado de 3 horas. Los síntomas son: irritación de ojos, nariz y garganta, dolor al respirar, nauseas y vómitos, quemaduras en la piel; en casos extremos, los pulmones se hinchan y se llenan de líquido (edema pulmonar). Cuando alguien sobrevive a la exposición de estos agentes, generalmente desarrolla problemas respiratorios crónicos.

Agentes sanguíneos: Causan daño a través de interferencias en la respiración celular, esto es, en el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono entre la sangre y los tejidos; así, hacen que los tejidos dejen de funcionar al privarlos de oxígeno. La exposición es por inhalación y la acción de estos agentes es siempre inmediata. Ejemplos son el cianuro de hidrógeno y el cloruro de cianógeno. Los síntomas son: respiración rápida, cefalea, insensibilidad, convulsiones, coma. Todos los agentes de este tipo se basan en el cianuro, y son siempre mortales.

Agentes vesicantes: Causan ampollas en la piel. Su exposición es por contacto con líquido o vapor, y la acción es, de 4 a 6 horas cuando se inhalan los vapores (exceptuando ojos y pulmones que se afectan más rápido), y de 2 a 48 horas cuando es por contacto directo a través de la piel. Ejemplos son la iperita o gas mostaza, la mostaza destilada, las mostazas nitrogenadas y las lewisitas. Los síntomas son irritación ocular, quemaduras y ampollas (grandes y con líquido) en la piel, daño al tracto respiratorio superior, tos, ronquera. Estos agentes suelen ser persistentes, y se usan más para incapacitar que para matar, pues por lo general no matan.

Agentes paralizantes o psicotóxicos: Estas sustancias ocasionan incapacidad motora, mediante efectos sedantes y de confusión mental. A nivel técnico, vemos que disminuyen la acetilcolina (importantísimo neurotransmisor) en el afectado, y que provocan efectos en el sistema nervioso periférico, en lugar de hacerlo en el sistema nervioso central, como hacen los agentes nerviosos. La exposición a estos agentes suele darse por inhalación (actuando entre 30 minutos y 20 horas) o por contacto a través de la piel (puediendo actuar incluso pasadas 36 horas), y la duración de los efectos suele ser de 72 a 96 horas. Ejemplos son el bencilato de quinuclidinilo (BZ) y sus derivados. Los síntomas son: confusión, fabulación involuntaria, alucinaciones, y regresión a comportamientos automáticos de origen imaginario (rasgarse la ropa, por ejemplo). Estos agentes son particularmente persistentes, pueden permanecer largo tiempo en la superficie (suelo, agua) donde hayan sido vertidos y seguir representando una amenaza.

Agentes lacrimógenos: Estas sustancias apuntan a obstruir la capacidad visual de la víctima. La exposición se da por contacto gas-ojo o por inhalación, y la acción es siempre es inmediata. Ejemplos son el CN (MACE-alfa-cloro-acetofenona), el CS (2-clorobenzalmalonitrilo), el CS (2-clorobenzalmalonitrilo), el CA-alfa-bromobenzilcianato, y el famoso gas lacrimógeno. Los síntomas son irritación y dolor en los ojos, ceguera temporal, irritación en garganta y piel, y náuseas (cuando hay alta dosis). Como no son mortales y no son muy persistentes, han sido y continúan siendo tan usados en motines y disturbios, que también se conocen como “agentes antidisturbios”

Agentes vomitivos: Como indica el nombre, estos agentes inducen naúsea y vomito. La exposición puede ser por inhalación o contacto dérmico. Ejemplos son la adamsita (DM) y sus derivados. Los síntomas son dolores de cabeza, espasmos, tos, y por supuesto, naúsea y vomitos…

Persona expuesta a un agente vesicante

Historia de las Armas Químicas


Siempre bajo la sombra de lo poco ético que es y ha sido su uso, las armas químicas han marcado la diferencia en la batalla desde hace mas de 2.500 años, actualmente y a pesar de haberse prohibido su uso en el Protocolo de Ginebra parece que siguen utilizándose en conflictos como el de Siria.

La guerra química en las épocas antigua y clásica

Ya en la Edad de Piedra, las armas químicas aparecen bajo la figura arcaica de la flecha o de la lanza con la punta bañada en algún veneno hecho a base de plantas u otros elementos (sapos, escorpiones, serpientes, etc) del entorno natural. Entonces, quien caía era generalmente el antílope u otra bestia salvaje destinada a ser devorada por los miembros de aquellas primitivas sociedades.

Pero lo que realmente nos interesa es el uso de las armas químicas en la guerra, y estas debutaron en la forma de humos tóxicos que se inmiscuían en las formaciones enemigas, causando graves daños o incluso la muerte. Las investigaciones apuntan a que, ya en el siglo IX antes de Cristo, los asirios empleaban flechas y recipientes incendiarios (que lanzaban sobre el enemigo) a base de mezclas que incluían sulfuro, petróleo o asfalto. Estos elementos constituyeron los ancestros de los primeros humos asfixiantes, los cuales fueron las primeras armas químicas. Puntualmente, ejemplos de armas químicas en La Edad Antigua son los siguientes:

Los chinos: Textos de la antigua secta Mohist, muestran que en el siglo V a.C. ya existían unos fuelles en los que se introducía un humo tóxico hecho a base de semillas de mostaza y otras especies vegetales. Este humo se introducía en los túneles que los atacantes cavaban durante los sitios (situaciones de guerra en que una zona se ve cercada por el enemigo, que intenta apoderarse de ésta). Otros manuscritos chinos aún más antiguos, contienen catálogos con decenas de recetas para producir humos tóxicos, además de registros de estos humos en situaciones de guerra. Entre esos, por ejemplo, se habla de la “niebla atrapa espíritus” (un humo con arsénico), o del calcio pulverizado que siglos después se empleó en el 178 d.C. para aplacar una revuelta campesina.

Los griegos: El “fuego griego” era una mezcla (alquitrán, resina, petróleo, cal viva y elevado contenido de azufre) que se quemaba, tomando en cuenta la fuerza y dirección del viento, para producir una nube blanquecina de dióxido de azufre. Esta nube era llevada por el viento hasta las líneas enemigas, donde ejercía un efecto irritante en las vías respiratorias de quienes lo inhalaban. Entre las ocasiones en que se usó, tenemos: a) La Guerra del Peloponeso en el siglo V a.C., donde los espartanos, cuando sitiaban la ciudad de Platea, quemaron frente a las murallas una mezcla de madera, alquitrán y azufre, creando con ello un humo que obligó a los atenienses a abandonar sus posiciones, por el riesgo de morir asfixiados…, b) La Primera Guerra Sagrada (595-585 a.C.), donde Solón de Atenas, en el año 590 a.C. y durante el sitio a la ciudad de Crisa, empleó raíces de eléboro para envenenar el aqueducto del río Pleistrus, alrededor del 590 a.C.

Los romanos en España: Se sabe que el general romano Quinto Sertorio (122 a. C. - 72 a. C.) empleó, durante algunas batallas en su campaña dentro de lo que ahora es España, unas cenizas tóxicas que dispersaba en el bando enemigo, a través de caballos especialmente empleados para que, cubiertos con esas cenizas, se aventurasen entre las líneas del bando contrario.

Los persas sasánidas: Hace muchos siglos, en lo que ahora es Siria, estaba la ciudad de Dura-Europodos a orillas del Eufrates. Esta ciudad fue tomada por los romanos y asegurada con una gran guarnición militar, pero en el año 256 d. C. los persas del Imperio Sasánida intentaron tomarla con un feroz asedio en el que incluso emplearon minas para reventar las gruesas murallas de los romanos. Durante aquel asedio, sucedió un interesante episodio bélico en el cual un grupo de soldados romanos fue sorprendido por lo que constituyó uno de los primeros usos de armas químicas oficialmente registrados. En efecto, los soldados romanos estaban cavando un túnel para salir de la asediada Dura-Europodos, pero de pronto un humo terrible descendió hasta ellos, introduciéndose por sus narices y acabando en segundos con sus vidas. El humo, según revelan las investigaciones, se producía con la combustión de cristales de azufre y betún.



La guerra química en la Edad Media y la Edad Moderna


En general, durante ambos períodos históricos se emplearon las armas químicas principalmente bajo distintos tipos de humos tóxicos, usados principalmente en operaciones de asedio a ciudades o fortificaciones enemigas. Pero además, sobre todo en lo que respecta al “fuego griego” en su versión bizantina, las armas químicas jugaron un rol importante en las batallas navales. Veamos ahora algunos puntos representativos en lo que concierne al uso de armas químicas en el Medioevo y la Edad Moderna:

La Batalla de Legnica y el gas de los mongoles: El historiador polaco, Jan Długosz, cuenta que el ejército mongol empleó gases venenosos durante la batalla de Liegnitz, ocurrida cerca de Legnica, en la actual Polonia, el 9 de abril de 1241, entre las hordas de Batu Kan (nieto de Gengis Kan) y las tropas de Enrique II de Silesia.

El arma secreta de los bizantinos: El Imperio Bizantino persistió por poco más de mil años, teniendo que enfrentar a poderosos enemigos como los turcos-otomanos y los soldados del Sacro Imperio Romano Germánico. A nivel militar, esta supervivencia fue en gran parte posible gracias al misterioso “fuego griego” (también llamado “fuego líquido”). Este era un líquido que ardía hasta en el agua, que se prendía al contacto con el aire, y que solo se podía apagar con determinadas sustancias como arena, vinagre fuerte u orina vieja. El temible líquido era particularmente empleado en batallas navales, donde lo disparaban a través de sifones, haciéndolo caer sobre los barcos enemigos y en el agua alrededor de estos… Dicen que la turbulencia de las aguas lo hacía aún más poderoso, y que al caer sobre la piel de los enemigos ejercía un efecto similar al del napalm. El escenario de guerra era por tanto devastador para los enemigos de los bizantinos, ya que veían llamas flotando sobre la superficie de las aguas, y estas llamas, al estar unidas al letal líquido, devoraban los barcos de la flota, puesto que, si la sustancia entraba en contacto con la madera de la embarcación, también lo hacía el fuego, y con él la muerte…

Diversas fuentes afirman que el inventor del “fuego líquido” fue Calínico de Heliópolis, un arquitecto egipcio que huyó de Siria durante las invasiones musulmanas. El historiador Teófanes cuenta que en el año 673, durante el asedio árabe a Constantinopla, Calínico entregó la fórmula del fuego líquido al emperador bizantino. Entonces la fórmula pasó a ser por siglos un secreto armamentístico, que se perfeccionó y dio lugar a los primeros lanzallamas y a granadas que estallaban de forma tal que la sustancia caía sobre las pieles de los enemigos, siendo casi imposible desprenderla según testimonios de la época. Por eso el fuego líquido ha sido considerado el ancestro del napalm, y su misterio era tal que el emperador Constantino VII le escribió a su hijo en una carta: ‹‹Debes guardar por todos los medios el secreto del fuego griego… y si alguien se atreve a pedírtelo, como lo hacían con frecuencia a nosotros, rechaza esas peticiones respondiendo que el secreto del fuego se lo reveló un ángel a Constantino el primer emperador cristiano. El gran emperador para prevenir a sus herederos, ordenó esculpir en el altar del templo una maldición a quien osara entregar este descubrimiento a los extranjeros››

Sin embargo, pese al esfuerzo por mantener el secreto, en 1210 el emperador bizantino Alejo III fue destronado, y cuando huyó a tierras del sultán de Iconium, obtuvo el mando del ejército a cambio de revelar la fórmula, por lo que en el asedio a Damietta (1218) los árabes sorprendieron a los cruzados al emplear el “fuego líquido”.

Sobre su fórmula, se ha planteado que debió contener fracciones livianas de la destilación del petróleo, el azufre, la brea, aceites vegetales y quizá salitre o cal viva; e Isaac Asimov, en su Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología, afirma que la sustancia extraía el oxígeno del nitrato potásico, y la cal viva servía como fuente de calor tras reaccionar con el agua.

Las sugerencias de Leonardo da Vinci: Este genio del Renacimiento sugirió lo siguiente en uno de sus escritos: ‹‹Arroja el veneno en forma de polvo sobre las galeras. Se puede tirar yeso, polvo de sulfuro de arsénico y verdín molido entre los barcos enemigos mediante pequeños onagros, y todos los que al respirar inhalen el polvo dentro de sus pulmones, resultarán asfixiados.››

Ingleses, alemanes, y los aparatos tóxicos e incendiarios: En 1672, durante el sitio a la ciudad de Groninga, el Obispo de Múnich, Christopher Bernhard van Galen, ordenó emplear explosivos y otros dispositivos incendiarios, algunos de los cuales eran armas químicas pues estaban primordialmente concebidos para generar humos tóxicos, ya que en su composición tenían belladona, una planta que contiene alcaloides como la hiosciamina, la atropina y la temible escopolamina (usada en la actualidad para adormecer a las víctimas en secuestros, por ejemplo), siendo estos elementos capaces de ocasionar coma o incluso muerte… No sorprende así que, tres años después cuando en un 27 de agosto de 1675 los franceses y alemanes firmaron el acuerdo de Estrasburgo, entre las claúsulas de dicho documento figurase una que prohibía el uso de “pérfidos y odiosos” artefactos tóxicos.

Las armas químicas y sus primeros tímidos pasos en la Edad Contemporánea


El mundo tuvo que esperar hasta la Edad Contemporánea —vigente desde la Revolución Francesa de 1789 hasta nuestros días— para que los avances de la ciencia manifestasen con todo su horror el poder de las armas químicas. Surgió entonces el cloro, el gas mostaza, el napalm, los agentes nerviosos y otras macabras creaciones, capaces de segar decenas de vidas en segundos, o incluso miles, como en el genocidio kurdo perpetrado por “Alí El Químico” en el gobierno dictatorial de Sadam Hussein. Pero a la vez que el poder de las armas químicas aumentó, también el mundo, sobre todo a raíz de la Primera Guerra Mundial, tomó conciencia de la bajeza ética que implicaba el uso de este tipo de armas, por lo que la legislación internacional las relegó al ámbito de lo prohibido. Sin embargo, ya antes de eso la historia nos muestra que el temor y la desconfianza hacia las armas químicas eran grandes, sirvan para ello estos ejemplos: 
La masacre del general Pelissier: En 1845, los humanistas comenzaron a mostrar fuerte preocupación por el empleo de gases tóxicos en la guerra. La raíz de esto fue una operación atroz del general francés Pelissier; quien, en la guerra de los Kábilas en África, acabó con una tribu entera empleando humo de maderas verdes. Esto, que no pasó desapercibido para la Prensa, despertó fuerte indignación en la opinión pública de los franceses.

Sugerencias de un químico para la Guerra de Crímea: En el año 1854, el químico británico Lyon Playfar, preocupado por el estancamiento bélico en el sitio de Sebastopol durante la Guerra de Crímea, ideó y sugirió un proyectil lleno de cianuro. El Almirante Thomas Cochrane apoyó la idea, y Lord Palmerston (primer ministro) la consideró, pero el Departamento de Municionamiento rechazó la propuesta como “tan mala e inhumana como envenenar los pozos de los enemigos”. La respuesta de Playfar fue esta: ‹‹No hay sentido en esta objeción. Se considera un modo legítimo de guerra el rellenar los proyectiles con metal fundido que hace estragos entre el enemigo y produce los más horribles modos de muerte. Es incomprensible el porqué un vapor venenoso que podría matar a los hombres sin sufrimiento se considera como guerra ilegítima. Sin embargo, no hay duda de que con el tiempo la química será usada para disminuir los sufrimientos de los combatientes.››

Propuestas de armas químicas en la Guerra Civil Estadounidense: Jeffery K. Smart, en su libro Chemical and Biological Warfare Research and Development during the Civil War, nos cuenta que durante la Guerra Civil Norteamericana se hicieron las siguientes propuestas: a) Globo con gas venenoso, propuesto en 1861 por el confederado Isham Walker, b) Proyectil con cloro, propuesto en 1862 por el profesor John W. Doughty (de La Unión), c) Gas con cloroformo, propuesto en 1862 por L. M. Goldsborough, comodoro de La Unión, d) Nube ácida a base de hidrocloruro o sulfuro, propuesta en 1864 por el profesor ( de La Unión) Forrest Shepherd, e) Granada de vidrio y cacodil, ideada por el capitán E. C. Boynton como arma incendiaria y de gas tóxico, f) Cartuchos de humo sofocante, pensados por William W. Blackford, coronel de La Unión. Ahora bien, aunque parezca sorprendente, ninguna de las propuestas mencionadas se llevó a la práctica, y la causa de eso fueron principalmente objeciones de carácter ético.

La guerra química en la Primera Guerra Mundial


El empleo de gases venenosos en la Primera Guerra Mundial fue una significativa innovación militar. Esta guerra química se realizó con armas como el gas lacrimógeno, el gas mostaza y el fosgeno. Pese a que el índice de mortalidad de los gases era limitado —representaba aproximadamente el 3% de las muertes en combate—, la cantidad de bajas no letales fue muy grande, y los tormentos físicos que causaba lo convirtieron en uno de los mayores terrores en los campos de batalla.

Como respuesta al intimidante uso de gases, se desarrollaron contramedidas como sustancias protectoras, máscaras, trajes, etc, y así la efectividad de los gases disminuyó, pero no su uso, al menos en lo que duró esta desoladora guerra.

Empezando con el gas lacrimógeno

En agosto de 1914, los franceses inauguraron el uso de armas químicas en la Primera Gran Guerra. El arma elegida fue una granada de gas lacrimógeno a base de bromuro de xililo.

Ante eso, los alemanes respondieron usando obuses de fragmentación repletos de agentes químicos irritantes. Los usaron en Neuve Chapelle contra las posiciones francesas, pero la concentración de agentes químicos era tan reducida que apenas fue sentida por la defensa francesa.

Las nubes verdosas del tormento

Los alemanes fueron los primeros en usar a gran escala el gas como arma. Un 31 de enero de 1915, cuando luchaban contra los rusos en las inmediaciones del río Rawka al oeste de Varsovia, dispararon una lluvia de 18.000 obuses llenos de bromuro de xilicio líquido, también llamado “T-Stoff”. Se esperaba que el producto se vaporice y fulmine al ejército zarista, pero el líquido se congeló y fue la vergüenza alemana en la Batalla de Bolimov…

Después del fracaso del bromuro de xilicio líquido, los alemanes pusieron el ojo en el cloro. Fritz Haber, un químico que llegaría a obtener el Premio Novel, trabajó en conjunto con las empresas IG Farben, las cuales producían cloro como subproducto de la elaboración de tintas. Haber, cuya esposa (también química) se terminaría suicidando avergonzada de los oscuros servicios que su marido brindó en la guerra, desarrolló métodos para descargar cloro gaseoso en el combate. Vino entonces la masacre de Ypres…

Era un 22 de abril de 1915, en el norte de Ypres, en Bélgica. Las tropas del Kaiser (Guillermo II) estaban apostadas en sus posiciones, con unos 5.730 cilindros de cloro, y a las 17:00 liberaron la verdosa nube sobre las trincheras francesas, haciendo que los soldados escapen aterrorizados, dejando una franja vacía de 7km, la cual no pudo ser aprovechada por los alemanes ya que estos también temían acercarse y respirar el gas, por lo que luego la franja vacía fue ocupada por refuerzos británicos y canadienses.

Después del éxito en la primera batalla de Ypres, los alemanes volvieron a emplear cloro el mismo año: un 24 de abril contra la Primera División de Infantería de Canadá, un 2 de mayo en las inmediaciones de Mouse Trap Farm, y un 5 de mayo contra los ingleses apostados en la Colina 60, episodio sobre el cual reportó la British Official History:

‹‹murieron 90 hombres por envenenamiento por gas en las trincheras; de los 207 trasladados a las salas de vendaje, 46 murieron casi de inmediato y 12 tras largo sufrimiento››

Se sabe que pronto se crearon defensas contra el cloro, tan sencillas como paños húmedos que reducían el impacto de la sustancia, pues ésta era soluble en agua. Así, se requería una concentración de 1.000 partes por millón para que el cloro destruya el tejido pulmonar y sea letal. No era un arma eficaz para eliminar, pero sí para intimidar, pues los reportes señalan que el miedo recorría las trincheras cuando, ante las miradas aterradas de los soldados, aparecía una cada vez más cercana nube, cuyo color verdoso era sinónimo de estremecedores tormentos.

Ojo por ojo y diente por diente

Sobre el uso alemán del cloro, el teniente general Ferguson, comandante de la British II Corps, afirmó indignado: ‹‹Es una forma cobarde de hacer la guerra que ni yo ni ningún soldado inglés aprobamos. No podemos ganar esta guerra a menos que matemos o incapacitemos a más enemigos que ellos con nosotros, y si esto solo se puede conseguir copiando al enemigo en su elección de las armas, no debemos rehusar hacerlo.››

De ese modo, los ingleses también usaron cloro, y lo usaron más que ningún otro ejército, pues en las últimas fases de la guerra liberaron ofensiva contra ofensiva. No obstante, el primer uso británico de cloro, en la Batalla de Loos, fue un fracaso absoluto, ya que el viento hizo que el cloro fuera a lugares vacíos del campo de batalla, e incluso que una pequeña parte del gas se regrese contra los mismos que lo habían lanzado…

La mortal “Estrella Blanca”

El químico francés, Víctor Grignard, tuvo en 1915 la idea de introducir fosgeno como arma química, pero luego el químico alemán, Fritz Haber, mejoró la idea usando el fosgeno en pequeñas cantidades junto al cloro, para aumentar así la toxicidad de este último. El fosgeno era mucho más mortífero que el cloro, pero tenía el inconveniente de que los síntomas tardaban unas 24 horas en manifestarse, y además, pese a tener la ventaja de ser incoloro y ostentar un suave olor a “heno enmohecido”, era más denso que el aire y esto complicaba su diseminación, siendo principalmente por ello que se lo mezclaba con el cloro. A esta combinación se la metía en recipientes que contenían estrellitas blancas, por lo que los aliados le llamaron “Estrella Blanca” a la mezcla cloro/fosgeno, cuya letalidad se vio un 19 de diciembre de 1915 en Nieltje, cuando los alemanes lanzaron 88 toneladas de la mezcla sobre los británicos, ocasionando 1.069 bajas y 120 muertes. Como contramedida, en 1916 los británicos implementaron hexametilentetramina en el filtro de sus máscaras de gas.

El famoso gas mostaza

El gas más conocido y efectivo de la Primera Guerra Mundial fue el gas mostaza. “iperita” o sulfuro bis(2-cloroetil), el cual hasta nuestros días continúa, en el imaginario social de Occidente, siendo el arma química por excelencia. Éste era un vesicante: una sustancia que puede ser sólida, líquida o gaseosa, y que en contacto con la piel produce irritación y ampollas. Conocido por los ingleses como “HS” (o Hun Stuff), este gas fue desarrollado por el químico alemán Fritz Haber, e introducido en julio de 1917, poco antes de la Tercera Batalla de Ypres.

El gas mostaza no fue diseñado para ser un agente letal (pero en altas dosis mataba): fue pensado para acosar e incapacitar al enemigo, y para contaminar el campo de batalla. Como era más pesado que el aire, se lo metía dentro de proyectiles de artillería, y cuando estos explotaban, la sustancia se posaba en el suelo en forma de un líquido que se evaporaba lentamente, tanto de día como de noche.

Los testimonios y descripciones sobre el gas mostaza son algo ciertamente sobrecogedor. Así, en The Anatomy of Courage (1945), Lord Moran (que fue oficial médico en la guerra), escribía: ‹‹Después de julio de 1917, el gas usurpó en parte el rol de los explosivos en darle a la mente una incapacidad natural para la guerra. Los hombres gaseados eran una expresión de la fatiga de trinchera, una amenaza cuando la humanidad de la nación ya había sido purgada››. En cuanto a sus terribles síntomas, podemos ver este fragmento de un informe médico británico: ‹‹Caso cuatro. 39 años de edad. Gaseado el 29 de julio de 1917. Admitido en el hospital de campaña el mismo día. Muerte unos diez días después. Pigmentación parduzca presente en grandes áreas del cuerpo. Un anillo blanco de piel en el lugar donde estaba el reloj de pulsera. Marcadas quemaduras superficiales en cara y escroto. Laringe muy congestionada. Toda la tráquea cubierta de una membrana amarilla. Bronquios contienen abundante gas. Pulmones muy voluminosos. Pulmón derecho muestra gran colapso en la base. Hígado congestionado y graso. Estómago muestra numerosas hemorragias submucosas. Sustancia cerebral excesivamente húmeda y muy congestionada.›› O, por último y para tener una idea de la situación general de los gaseados, veamos el registro de una enfermera británica: ‹‹No se les puede vendar ni tocar. Los cubrimos con una tienda apoyando hojas. Las quemaduras por gas deben de ser atroces, porque los demás casos no suelen quejarse, incluso con las peores heridas, pero los casos de gas superan invariablemente su capacidad de resistencia y no pueden evitar gritar.››

¿Armas químicas en el Irak de los ingleses?


Tras la Primera Guerra Mundial, USA y muchas de las potencias europeas intentaron aprovechar las oportunidades creadas por la guerra, creando y manteniendo colonias. En ese contexto de entreguerra, algunas veces los agentes químicos se emplearon para destruir rebeliones y mantener dominadas a las poblaciones de las colonias. Por ejemplo, se sabe que tras la derrota y división del Imperio Otomano, sus territorios se dividieron entre las naciones victoriosas, y en ese reparto los británicos colonizaron el actual Irak. Allí, en 1920, hubo fuertes rebeliones árabes y kurdas, y la represión británica tuvo que ser cada vez más fuerte, hasta el punto de que el propio jefe de Estado, Winston Churchill, autorizó el uso de agentes químicos contra los rebeldes, particularmente el gas mostaza; dijo al respecto, no sin la típica arrogancia inglesa: ‹‹no entiendo la repugnancia sobre el uso del gas. Estoy muy a favor del uso del gas contra tribus incivilizadas››. ¿Usaron entonces el gas mostaza? La verdad es que los historiadores, aún hasta el día de hoy, se hallan divididos en su opinión sobre el asunto.

Protocolo de Ginebra


Con una opinión pública conmocionada por los horrores vistos en la Primera Guerra Mundial a causa de las armas químicas, y con una mayoría de militares conscientes de la oscuridad ética que encerraba el uso de ese tipo de dispositivos bélicos, en 1925 se da el Protocolo de Ginebra, donde dieciséis de las mayores potencias (excluyendo a USA) firman, comprometiéndose así con los diversos artículos del tratado, entre los cuales constaba la prohibición de usar armas químicas, aunque no de producirlas y almacenarlas…

La Guerra del Rif y sus secuelas


Esta guerra se produjo en Marruecos, al norte de África, frente a España. Su origen fue la insurrección de tribus rifeñas contra la ocupación española, y el resultado final, tras años (1921-1927) de sangrientos combates, fue el triunfo hispano-francés (sobre todo al final, los franceses participaron) y la restauración del protectorado español. Sin embargo, numerosas atrocidades se cometieron por parte de ambos bandos en los años de guerra; y, entre esas infamias bélicas, estuvo el uso español de armas químicas, hecho que pasó a la historia como un crimen de guerra, ya que España había firmado el Protocolo de Ginebra antes de usar las armas químicas en el Rif.

Para que se perciba lo que significó el bombardeo químico de España sobre la población rifeña, podemos recurrir a las palabras de Mohamed Faragi, quien en ese entonces era un niño y ahora es un anciano, en cuya mente todavía arden los horrores de la guerra:

“Recuerdo el olor, como el de un medicamento. Estaba en todas partes, el harrash, el veneno. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué no iba a hacer?... (…)… Murieron muchos niños pequeños, venían los aviones y corríamos para escondernos, pero tiraban el veneno, y tu cuerpo supuraba (…).Mi madre y mis hermanas tosieron día y noche, hasta que terminó con ellas. Mi hermano bebió el veneno en el agua y murió. Al otro, se le cayó todo el pelo”

Los químicos usados por España, fueron sobre todo el gas mostaza, el fosgeno y la cloropicrina. La razón de su uso estuvo sobre todo basada en la masacre sufrida en Monte Arruit, en 1921. Por eso crearon la Fábrica Nacional de La Marañosa; y ésta, a mediados de los años veinte, ya producía químicos que se enviaban a Melilla, aunque no llegaron a usarse masivamente sino de forma discreta, supuestamente contra objetivos bien seleccionados… Pero entre esos objetivos “bien” seleccionados había poblaciones civiles, que los alemanes habían recomendado atacar por su supuesta vinculación clave con los insurgentes.

Bien es sabido que el gas también afectó a los propios españoles en algunos casos, y que los rifeños intentaron adquirir armas químicas pero fueron estafados por los contrabandistas que pretendían vendérselas.

Otro punto importante es destacar que las heridas no se han cerrado, porque mucha gente quedó enferma y aún actualmente se reportan estragos de salud vinculados a los bombardeos químicos de hace décadas. Dice por eso Abdelsalam Bouteyeb, miembro del Foro Hispano Marroquí para la Memoria Común y el Porvenir: “España cometió un crimen en el Rif. Nos colonizó, nos lanzó gas, y después reclutó a nuestro pueblo para su guerra civil (…), la mayoría de marroquíes que tienen cáncer de pulmón son del Rif.”

Por último, parece que los españoles sentamos un pésimo ejemplo, que quedó como un eco en el tiempo y revivió en los años cincuenta con el que después sería el rey Hassan II de Marruecos. Éste, al igual que los españoles, usó armas químicas (sobre todo napalm…) contra los rebeldes rifeños, a los que calificaba de “apaches”, “ladrones” y “contrabandistas”, dejando en claro lo cruel que podría ser con ellos en estas palabras: “Soy capaz de liquidar los dos tercios de la población marroquí para que la tercera parte pueda vivir tranquila”

Invasión a Etiopía


En 1935, la Italia fascista de Benito Mussolini, intentó ocupar Etiopía y, en sus campañas militares, los aviadores italianos soltaron bombas de gas mostaza y otras sustancias químicas. A diferencia de los españoles, los italianos fueron mucho más brutales y contundentes a la hora de violar el Protocolo de Ginebra, por lo que se calcula que aproximadamente 15.000 etiópes murieron por el uso italiano de armas químicas, sobre todo por lo que fue el gas mostaza.

Los soviéticos en Xinjiang


En 1934, los soviéticos invadieron Xinjiang (en el territorio de la actual China) para apoyar a las tropas pro-soviéticas de Sheng Shicai, las cuales buscaban hacerse con el control de la región. Allí, tanto como en la sofocación de la rebelión musulmana acontecida en 1937 y liderada por Kichik Akhund contra el gobierno pro-soviético de Sheng Shicai, los soviéticos emplearon bombardeos con gas mostaza…

Japoneses y alemanes en la Segunda Guerra Mundial


Japoneses:
Japón empleó gas mostaza y lewisita (un agente vesicante) en ciertas batallas de su campaña militar contra China. Las investigaciones de Yoshiaki Yoshimi y Seiya Matsuno demuestran que el emperador Hirohito autorizó el empleo de armas químicas contra los chinos. Así, durante la invasión de Wuhan que se desarrolló entre agosto y octubre de 1938, Hirohito autorizó el uso de gas tóxico en 375 ocasiones.

En este escenario de guerra, el temible Escuadrón 731 también usó armas biológicas, propagando intencionalmente el cólera, la disentería, el tifus, la peste bubónica y el ántrax (carbunco). Volviendo a las armas químicas, tal fue la proporción en que los japoneses las emplearon, que aún en el año 2005 se han seguido encontrando dispositivos con agentes químicos enterrados en suelo chino: estos, como es de suponer, fueron dejados por los japoneses en su retirada.

Alemanes:
Al igual que en la Primera Guerra Mundial, los alemanes colaboraron con macabros descubrimientos de guerra química: esta vez se trataba de los agentes nerviosos: tabún, sarín y soman. Se fabricaron grandes cantidades de estos agentes, pero ni los nazis ni sus oponentes los emplearon a gran escala. Documentos recuperados sugieren que, dentro de la Abwehr (la agencia de inteligencia alemana), se pensaba que los Aliados también conocían los agentes nerviosos. De ese modo, temiendo un contraataque químico, los alemanes se abstuvieron de usar las armas químicas en gran escala, aunque las investigaciones recientes muestran que se equivocaron en el sentido de que en realidad los Aliados no conocían los agentes nerviosos. Sin embargo, ese desconocimiento no implica que no pudiesen librar una guerra química con otros agentes químicos, o que no pudiesen copiar las fórmulas alemanas. En cuanto a los ingleses, William L. Shirer nos muestra que éstos dejaron la guerra química como una opción radical que solo se emplearía si los alemanes invadían las islas británicas.

Ahora bien, lo anterior concierne al uso en batalla; porque, si tenemos en cuenta a los campos de concentración, todos sabemos que los nazis ejecutaron a miles de judíos en cámaras de gas, y ese gas (el Zyklon B) podía ser considerado un arma química, pues contenía cianuro de hidrógeno.

Las armas químicas durante la guerra fría


Una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, los Aliados se hicieron con proyectiles que contenían los tres agentes nerviosos descubiertos por los alemanes: tabun, sarín y soman. Pocos fueron sin embargo los casos de uso de armas químicas, y entre esos, en lo que respecta al período de la Guerra Fría, podemos contar los siguientes:

Tropas gubernamentales usan químicos contra guerrilleros cubanos: En mayo de 1957, Cuba denuncia el empleo de “químicos agresivos”, usados por las tropas gubernamentales de Fulgencio Batista contra los guerrilleros de Fidel Castro.

Nacionalistas chinos bombardean con químicos: En noviembre de 1958, Radio Pekín acusa a los nacionalistas chinos de emplear agentes químicos en bombardeos contra las tropas de China Popular. Nota: la guerra civil ya había acabado y los socialistas (de China Popular) habían triunfado, pero aún quedaban remanentes nacionalistas en ciertas áreas.

Egipto contra los realistas de Yemen: La Guerra Civil de Yemen del Norte tuvo lugar entre 1962 y 1970. Por un lado de la contienda estaban los realistas del Reino de Mutawakkilite, que contaban con el apoyo de Arabia Saudita y de Jordania; por el otro, los yemenitas que deseaban instaurar una república árabe, y contaban para ello con el apoyo egipcio. Se dice que Arabia Saudita acusó a Egipto de usar armas químicas, y que eso es dudoso, pero las investigaciones muestran que en realidad los egipcios sí emplearon gases tóxicos: lo hicieron en junio 8 de 1963, contra una villa en Kawma, matando a 7 personas e hiriendo a 25; en 1965 (no se sabe bien en qué contextos); en diciembre 11 de 1966, lanzando 15 bombas de gas que mataron a 2 personas e hirieron a 35; en enero 5 de 1967, en un gran ataque contra Kitaf, que pretendía acabar con el príncipe Hassan bin Yahya pero acabó con 140 personas; en mayo 10 de 1967, otra vez en el contexto de un ataque que pretendía matar al príncipe Hassan, pero que no lo mató y acabó con unas 75 personas; y, finalmente, lo hicieron varias veces desde julio de 1967, matando unas 1.500 personas…

Vietnam: El 30 de noviembre de 1961, el presidente Kennedy aprueba el uso de químicos para destruir la vegetación que servía de escondite a los vietnamitas, así como para destruirles los sembríos, privándolos con ello de recursos alimenticios. En realidad el objetivo no fue tan selecto, pues se deforestaron injustificadamente enormes áreas, se afectó a miles de civiles, y se calcula que, al final de la guerra, se habían rociado unos 55 millones de kilos de defoliantes químicos, sobre todo el agente naranja, que se componía de dos herbicidas y de la dioxina, una sustancia más venenosa que el cianuro, con efectos como debilidad de visión o ceguera, debilidad muscular, daño hepático, cáncer, inducción de abortos y de nacimientos de bebes deformes y con otros males (los reportes hablan de cientos de bebés que… ¡nacían sin ojos!), etc… Pero además de eso estaba el famoso napalm, que incendiaba las selvas y, cuando caía en la piel, se quedaba pegado y producía espantosas quemaduras: esta sustancia, en medio de un contexto bélico en que Estados Unidos experimentó una desesperación que nunca antes había experimentado —a lo largo de la guerra les derribaron unos 4.000 aviones y murieron mas o menos 60.000 soldados estadounidenses—, fue usada no solo contra objetivos militares sino civiles, tal y como se ve en un famoso vídeo donde aparecen niños vietnamitas corriendo desnudos, con el cuerpo despellejado por el napalm…

Uso de armas químicas en la Guerra Irán-Irak


La guerra entre Irán e Irak comenzó en 1980, con un intento de invasión por parte de Irak, que deseaba anexarse la región de Shatt al-Arab. Ya en los inicios de la guerra, Irak empleó gas mostaza y tabun en bombardeos contra las tropas iraníes. Fue un uso sistemático y descarado, abiertamente desafiante a las leyes internacionales, muestra de lo cual es el hecho de que aproximadamente un 5% de las muertes iraníes fueron causadas por armas químicas.

Como era de esperarse. Irán presentó denuncias a la comunidad internacional, pero en ese momento los estadounidenses eran aliados de Saddam, y no solo no actuaron enérgicamente contra Irak, sino que además acusaron a Irán de usar armas químicas, cosa que hasta la fecha no ha sido demostrada.

Por último, se cree que aproximadamente 100.000 soldados iraníes sufrieron el ataque de las armas químicas, sobre todo del gas mostaza: 20.000 de esos 100.000 murieron, y de los 80.000 que sobrevivieron, 5.000 necesitaron y necesitan (los que aún viven) someterse a tratamientos médicos cada cierto tiempo…

Genocidio kurdo de Halabja


La campaña contra los kurdos empezó en 1986, tuvo como excusa la supuesta complicidad anti irakí de los kurdos con los iraníes, duró hasta 1989 y arrojó al abismo de la muerte a unos 182.000 civiles, sobre todo provenientes de zonas rurales. La campaña estuvo dirigida por Ali Hassan al Mayid, primo de Husein, e incluyó ofensivas terrestres, bombardeos, deportaciones masivas, campos de concentración y, para rematar, armas químicas… Fue por estas últimas que el genocida Ali Hassan pasó al libro negro de la historia como “Ali el Químico”; ya que, los bombardeos químicos que ordenó los días 17 y 18 de marzo de 1988 sobre la ciudad de Halabja, mataron a unas 6.000 personas (5.000 según ciertas fuentes) e hirieron a otras 5.000, dejando huellas que aún no sanan, pues no solamente que se ha levantado un monumento en honor a las víctimas del holocausto, sino que todavía nacen bebés con malformaciones, abundan los casos de cáncer, y algunos sobrevivientes tienen aún problemas de salud…

Dana Nazif, que era adolescente cuando el genocidio tuvo lugar, cuenta su experiencia con estas palabras: “Tenía 15 años cuando ocurrió el ataque. Veníamos con tres días de bombardeos por lo que las escuelas estaban cerradas. Perdí el conocimiento cuando comenzó el ataque. La mayoría de las personas se había aglomerado en refugios antiaéreos. Cuando se dieron cuenta de que se trataba de un ataque químico trataron de salir, pero murieron allí dentro.Una bomba cayó en esta zona donde estamos ahora, en este espacio pequeño murieron entre 250 y 300 personas. En mi familia perdí a mi madre, un hermano y dos hermanas.En total 35 familiares. Es imposible olvidar lo que nos pasó. Los kurdos sufrieron mucho por causa de Saddam Hussein.”

Según se supo, los aviones irakís llevaban bombas con gases de cianuro, gases mostaza y gases nerviosos. Los primeros causan convulsiones, apnea y pérdida de conciencia, y matan mediante supresión de la respiración, tras una agonía de varios minutos; los segundos causan eritema, dejando la piel con manchas rojas y ampollas, además de irritación en los ojos y dificultades respiratorias; y, los últimos, traen secreción involuntaria de saliva, lágrimas, orín y heces, así como rinorrea, contracción permanente de la pupila, dificultades respiratorias y convulsiones que muchas veces acaban con la vida de la víctima en cuestión de segundos, siendo gracias a estos últimos gases que, según se cuenta, entre los escombros de la ciudad habían muertos con muecas que reflejaban una intensa agonía, o una sonrisa en casos como los de aquellos que compartían con sus familiares y no tuvieron ni tiempo de agonizar pues el gas nervioso apagó su vida en segundos, cual el viento a la llama de la vela…

El fracaso del gas lacrimógeno en la Guerra de las Malvinas


Se sabe que los argentinos, en su intento por recuperar las Malvinas, emplearon gas lacrimógeno contra los británicos. Sin embargo, según mostraron indagaciones posteriores a la guerra (que fue en 1982), nunca hubo ni un soldado inglés en los lugares donde los argentinos lanzaron el gas…

Las armas químicas en Siria


Cada vez hay más indicios de que el régimen de Bashar al Assad está usando armas químicas contra los rebeldes (el Ejército de Liberación) y los civiles. No sorprendería, ya que Assad ha ordenado torturar menores de edad y mujeres… En efecto, desde el año pasado los rebeldes sirios vienen denunciando que las tropas gubernamentales emplean proyectiles cargados de gas sarín y agentes nerviosos. La diferencia es que ahora abundan testimonios, y hasta hay vídeos de víctimas que presentan síntomas propios de quienes sufren ataques químicos.

Hace poco un general sirio desertó del ejército de Assad y denunció a los medios de comunicación los siniestros planes químicos del tirano. Se trata del general Zahir Al Sakit, quien había recibido la orden de emplear armas químicas contra rebeldes y civiles en la zona de Busra al Harir, a unos 90 km al sur de la capital (Damasco). Zahir, en una entrevista al canal Al Arabiya, contó lo astuto que fue al ordenar a sus soldados atacar, pero no con armas químicas reales sino con sustancias inocuas. Todo era una farsa para fingir obediencia, y gracias a esto consiguió huir el 15 de marzo del presente 2013.

El gran problema con las armas químicas en Siria es que se requieren más evidencias, y para eso es preciso que científicos puedan ingresar a Siria y tomar muestras de fluídos y tejidos de las supuestas víctimas, a ver si en realidad esas muestras presentan el cuadro bioquímico de quien ha sufrido el ataque de tal o cual arma química. Pero, como es sabido, Bashar al Assad no permite hacer ningún tipo de inspección. ¿Será porque en verdad ha usado armas químicas? Si así es, resultaría una estratagema del régimen el haber denunciado el uso de armas químicas por parte de los rebeldes, como supuestamente ocurrió el 19 de marzo en la localidad de Khan El Asal, donde numerosos testigos hablaron de un gas que causaba terribles problemas respiratorios. En todo caso se sabe que desde los 70 Siria cuenta con armas químicas, y los servicios de inteligencia dicen que hoy debe tener unas mil toneladas de gas mostaza, gas sarín y agente nervioso XV. Aunque hay que recordar dos cosas: 1) la acusación es de haber usado armas químicas, antes que de poseerlas, 2) el hecho de que el régimen tenga depósitos y fábricas, no implica que los rebeldes no puedan emplear armas químicas, pues podrían haberlas conseguido por contrabando o robo…

viernes, 20 de septiembre de 2013

Informe de la CIA: Hace décadas que Israel posee armas químicas

El régimen de Israel construyó hace décadas, de forma clandestina, su propio almacen de armas químicas y biológicas, así revela ‘Foreign Policy’, citando documentos de alto secreto de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.
 
En 1982, los satélites estadounidenses de vigilancia detectaron la existencia de “una probable instalación de producción y almacenaje de agente nervioso, gas mostaza, entre otros (...) en la Zona Sensible de Almacenaje de Dimona, sita en el desierto de Negev”, en el sur de los territorios ocupados palestinos, dando la posibilidad de la existencia de otras armas de destrucción masiva dentro de esta industria química israelí, de avanzada. 

Los informes emitidos en 1983 por la CIA revelan que Washington era consciente de las pruebas químicas del régimen de Israel desde principios de 1970 y de las actividades que se realizaban en Negev.

Desde hace años, indica Foreign Policy (FP), las agencias norteamericanas y analistas de control de armas coinciden en que el régimen de Tel Aviv posee armamento químico fabricado durante las décadas de 1960 y 1970, para completar su arsenal nuclear. 

Los expertos enfocaban en particular, en el instituto israelí para la investigación biológica (IIBR, por sus siglas en inglés), ubicado en Ness Ziona, a 20 kilómetros del sur de Tel Aviv, en los territorios ocupados palestinos.  El régimen de Israel aumentó sus investigaciones y desarrolló sus actividades químicas a finales de 1973, añade la CIA.

Según FP, es muy probable que el “agente no-persistente” mencionado en el informe de la CIA, sea sarín, un líquido sin color y sin olor, usado como arma química por su extrema potencia como agente nervioso.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) clasificó al gas sarín como arma de destrucción masiva en la resolución 687, y según lo estipulado en la Convención sobre Armas Químicas (1993), cuya producción y almacenamiento fue declarado ilegal.
 
 
 

Armas químicas: fáciles de fabricar y dispersar, imposibles de parar
Cualquier persona con formación en química y acceso a algunas materias primas disponibles podría fácilmente producir armas químicas como el gas sarín, asegura el experto en armas químicas y profesor de la Universidad de Rice, James Tour.

Aunque es poco probable que "alguien en la calle" pueda hacerlo, Tour indicó que contratando a un licenciado en química, los rebeldes sirios podrían fácilmente organizar un ataque mortal.
"Se produce de forma fácil. El sarín es un gas nervioso y por ello es distinto a las armas químicas típicas. Es mucho más tóxico", señaló el científico en una entrevista a RT. 


Según el experto, lo podría hacer "cualquier persona con acceso a algunas materias primas. Materias primas que no se consiguen en una charcutería, pero pueden ser adquiridas con mucha facilidad. Uno puede comprar en el mercado de químicos los productos que estén a uno o dos pasos de convertirse en sarín. Así que un químico con el nivel de licenciado es capaz de producir el sarín con bastante facilidad". 

Al responder a la pregunta sobre si los rebeldes en Siria podrían haber lanzado ataques con armas químicas, James Tour señaló: "Podrían, si hubieran contratado a químicos con unos años de formación. Necesitarían un poco más de formación [que la básica] e instalaciones adecuadas para producirlo. Necesitarían una campana química [equipo de extracción, desarrollado para la seguridad del químico], pero sin duda se podría hacer".

"En realidad hay docenas de ataques químicos documentados, lo sé, en los Estados Unidos. No atraen mucha atención, pero hay ataques documentados", recordó. 

Según el científico es imposible que el mundo se libre de las sustancias tóxicas, que además son un fuerte factor de miedo. "Es absolutamente imposible. Son muy fáciles de hacer, y una vez hechas, asustan".