Reino Unido, en guerra total contra el yihadismo

-Crece el temor a que los yihadistas puedan volver a atentar en suelo británico
-Los que juren fidelidad al Estado Islámico pueden ser condenados por alta traición, conforme a una ley de 1351.
-Cameron, dispuesto a utilizar todo su arsenal bélico y jurídico contra el terrorismo islamista




Acciones como la del canadiense Michael Zehaf-Bibeau, convertido al Islam en 2013, y autor del asesinato a tiros del cabo del Ejército Nathan Cirillo junto al Monumento a la Guerra en Ottawa, están provocando que Washington y Londres intensifiquen las medidas preventivas contra la que ya consideran la principal amenaza para la seguridad de sus países. El Reino Unido ha advertido a sus socios europeos de que los principales países de la Unión Europea están también en el punto de mira del yihadismo...


En Gran Bretaña vuelve a respirarse un clima de guerra, atizado por el zafarrancho de combate contra los terroristas del Estado Islámico (EI), aún denominado en las Islas Británicas con su antigua denominación, Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL). El Gobierno de David Cameron considera que los atentados tipo "lobo solitario", como el realizado por el pistolero canadiense, u otros más sangrientos y masivos, perpetrados presuntamente por yihadistas veteranos de la guerra de Siria, se estarían preparando tanto en el propio Reino Unido como en otros países de la UE.

Van ya 218 detenidos en este año 2014, acusados de planear atentados masivos en las calles de las principales capitales británicas, lo que ha llevado a afirmar a la cúpula policial que "el retumbar de los tambores del terrorismo es cada vez más rápido e intenso". Un goteo de apresamientos que se está intensificando en los últimos días, a medida que los interrogatorios desvelan las amplias conexiones y ramificaciones del yihadismo en la sociedad británica, en la que están incrustados unos tres millones de musulmanes.

Los Servicios de Inteligencia MI5 y MI6 cifran en 500 los ciudadanos británicos que se habrían unido como combatientes al EI, junto con 700 franceses, 400 alemanes y unos 200 de otras nacionalidades, entre ellos 50 españoles. El retorno de estas personas, después de haber pasado por el crisol de la guerra del Califato contra Occidente, ha encendido todas las alarmas al estimarse que, entre las misiones que les haya encomendado Abubakr Al-Bagdadi, el líder del EI, estarán sin duda las de proceder a todo tipo de atentados y sabotajes contra las personas e intereses de sus países de origen.

Acciones que son anunciadas y jaleadas previamente por los nuevos yihadistas autóctonos, como el australiano de 17 años Abdullah Elmir, que se hace llamar Abú Jaled, y que en un video en el que aparece rodeado de islamistas amenaza a Reino Unido, Estados Unidos "y especialmente a Australia" con la conquista a sangre y fuego de sus países "hasta lograr que el EI clave su bandera negra sobre la Casa Blanca o el Palacio de Buckingham".

Terroristas desengañados


Jóvenes, adolescentes y mujeres menores de edad componen la inmensa mayor parte del contingente de ciudadanos con pasaporte europeo desplazados a Siria e Irak. Las mujeres, dispuestas a casarse con yihadistas árabes y engendrar con ellos hijos que prosigan la expansión del Califato. No todos encuentran sin embargo lo que buscan, como parecen demostrarlo la treintena de militantes británicos del EI que contactaron a primeros de septiembre con autoridades de su país manifestándoles "su desengaño y el deseo ferviente de volver al Reino Unido".

Habrán de pasar un proceso severo de prueba para comprobar la sinceridad de su presunto arrepentimiento. Pero, mientras tanto, seguirán siendo reos de sospecha, y sometidos por lo tanto a las medidas antiterroristas, reforzadas tras el aumento de "sustancial" a "severo" del nivel de amenaza terrorista en el Reino Unido.

Desde 2011 Londres había puesto en vigor la Ley de Medidas de Prevención y Ampliación de la Lucha contra el Terrorismo (TPIMS). Ahora las ha implementado concediendo poderes especiales a la policía para la confiscación de pasaportes a los sospechosos, la detención preventiva de los mismos y su reubicación o traslado forzoso a zonas de exclusión, todo ello unido a la implantación de programas de desradicalización. Las tímidas protestas de algunas organizaciones de derechos civiles, denunciando que tal reforzamiento de medidas pudiera atentar contra las libertades, apenas han tenido eco en una población que revive la épica de la resistencia frente a un enemigo de envergadura.

En el arsenal jurídico dispuesto para contrarrestar la amenaza yihadista también se ha desempolvado la Ley de Sedición, aprobada en 1351, bajo el reinado de Eduardo III, y nunca derogada. Su aplicación a los ciudadanos británicos que se integren en el Estado Islámico fue anunciada al Parlamento de Westminster por el ministro de Asuntos Exteriores, Philip Hammond. La norma declara culpables de traición a "aquellos que se unan a los enemigos del Rey", proporcionándoles cualquier tipo de ayuda o soporte, "en el Reino o en cualquier otra parte". El castigo era la pena de muerte. El último en ser ahorcado por esta causa fue William Joyce, propagandista nazi conocido como Lord Haw Haw, condenado a la pena capital en 1946. Desde 1998 la traición solo puede acarrear la cadena perpetua.

El primer ministro respalda su aplicación porque "los valores británicos no son simplemente una opción sino un deber para todos los que viven en estas islas. Defenderemos nuestros valores y acabaremos derrotando al extremismo, asegurando así nuestro modo de vida a las generaciones venideras", proclamó Cameron ante los diputados de los Comunes, tras pactar la reforzada política antiterrorista con los liberales-demócratas de Nick Clegg, y recibir también el matizado apoyo del líder laborista de la muy leal oposición de Su Majestad Británica (así se denomina oficialmente), Ed Miliband.

Autor: Pedro González