Mezhgorye, la ciudad rusa cerrada al público

Durante el periodo conocido como la Guerra Fría, en la que se enfrentaron el bloque capitalista liderado por Estados Unidos y el bloque comunista, al mando de la Unión Soviética, se ocultó al mundo la localización y existencia de determinadas urbes en las cuales se desarrollaba la industria militar y aeroespacial...



Se denominaban ciudades secretas, lugares en los que se encontraba la industria más avanzada y que no aparecían en los mapas de la URSS, pues se quería esconder al mundo y al enemigo estadounidense, los avances militares y tecnológicos de esta nación. Las ciudades secretas fueron creadas a partir de la década de 1940 y se conocieron también como ciudades cerradas, ciudades ocultas o complejos administrativo-territoriales cerrados. Algunas recibieron el nombre de “Naukogrados” o ciudades de la ciencia, dedicadas a la investigación científica básica. El otro tipo de ciudades secretas estaban destinadas a desarrollar la tecnología militar, la energía nuclear o la industria aeronáutica y armamentística soviética.

Las visitas a estas urbes estaban prohibidas y a ellas solo podía acceder el personal técnico, ya que la mayoría eran macro plantas de energía nuclear. Grandes científicos cualificados e investigadores instalaron aquí su actividad, al margen de la comunidad investigadora mundial, creando nuevas tecnologías, energías o desarrollando la nueva industria aeroespacial y armamentística.

Todo empezaba con un complejo militar, científico o industrial cuya actividad estuviera clasificada como secreta. A medida que la instalación crecía, se construían viviendas y servicios para albergar al personal que trabajaba en el complejo. Con el tiempo, el enclave se convertía en una pequeña ciudad completamente independiente y aislada del resto. La mayor parte de logros en armamento, física nuclear o viajes espaciales han salido de esas ciudades como Baikonur. En otras ocasiones se trataba de centros de producción y extracción de materia prima, como las terribles minas de níquel de Norilsk, o la mina de diamantes de Mirny.



Prohibida terminantemente la entrada


La entrada de extranjeros a estas ciudades estaba rigurosamente prohibida. Para acceder a ellas los ciudadanos rusos necesitaban un permiso especial emitido por los servicios secretos del país. En muchos casos, los accesos a la ciudad estaban vigilados por tropas del ejército rojo. En tiempos de la guerra fría, estas ciudades no tenían nombre ni aparecían en los mapas. Los soviéticos utilizaban una nomenclatura basada en la ciudad más cercana y los kilómetros que la separaban de la ciudad secreta. Así, Seversk, que hoy todavía tiene el acceso muy restringido, era conocida como Tomsk-7. A veces cambiaban al azar la ciudad de referencia o la numeración para despistar. La propia Mezhgorye se llama también Ufá-105 o Beloretsk-16.

Si conocemos todos estos datos es, obviamente, porque muchas de esas ciudades cerradas han dejado de serlo. Al término de la guerra fría, y tras la desintegración de la URSS, la mayor parte de estos enclaves fueron cambiando su estatus y abriéndose a un puñado de visitantes. En su mayor parte se trata de inversores extranjeros que requieren permiso expreso del servicio secreto ruso, aunque algunas como Talnakh (contigua a Norilsk) incluso aceptan turistas. 

Actualmente hay 42 ciudades cerradas reconocidas en las que viven y trabajan 1,5 millones de personas. Asimismo, hay otras 15 abandonadas o no reconocidas por el gobierno ruso. Entre ellas está una de las más aisladas y herméticas: Mezhgorye.



Mezhgorye, excavaciones en la montaña maligna


Bienvenidos a la República de Baskortostán, en la Federación Rusa. En la parte más meridional de la cordillera de los Urales se encuentra el Monte Yamantau, un macizo rocoso abundante en cuarzo de 1.640 metros de altura. Su nombre significa literalmente “Montaña maligna” en lengua Bashkir. La razón de este nombre se desconoce.

En los años 70, el gobierno soviético comenzó varias excavaciones en Yamantau. Al principio se creía que eran minas, pero pronto las supuestas explotaciones de mineral se dotaron de tres guarniciones militares: Beloretsk-15, Beloretsk-16 y (no confirmado) Alkino-2. Los destacamentos se unieron en 1995. Había nacido la ciudad cerrada de Mezhgorye. La localidad cerrada de Mezhgorye fue fundada en 1979 bajo el nombre Ufá-105, evidenciando que ya la Unión Soviética tenía alguna intención de hacer algo por esos riscos inaccesibles.

La población (en realidad dos distritos separados 23 kilómetros) comenzó a llamar la atención fuera de Rusia en 1996. Un reportaje del New York Times basado en otro aparecido en el Pravda comenzó a hablar de una base subterránea masiva en la que trabajaban 30.000 personas y a la que llegaban varias vías de tren. En una rueda de prensa concedida por el delegado del pueblo para la República de Baskortostán, Leonid Akimovich Tsirkunov, se desmentían todos los rumores. Según Tsirkunov, las excavaciones tenían como objeto construir un búnker para almacenar reservas de ropa y alimentos a los que recurrir en caso de catástrofe humanitaria.

El delegado también explicaba que la roca extraída de Yamantau era muy apreciada por los constructores locales, y que se estaban construyendo plantas de tratamiento de aguas para preservar el medio ambiente. Finalmente, Tsirkunov tachó de falsos los rumores sobre altos niveles de radioactividad en la zona. Los militares de los destacamentos estaban simplemente ayudando en la construcción. A la descripción realizada por Tsirkunov solo le faltan los unicornios cabalgando sobre arcoíris, pero en occidente las sospechas de que algo gordo se estaba cociendo en Mezhgorye eran cada vez mayores. En 1997, el congreso de Estados Unidos emitió una queja formal sobre Yamantau, pero el Ministro de Defensa ruso respondió que no tenían por costumbre ofrecer información sobre ese tipo de proyectos.

Oficialmente, en Mezhgorye también hay únicamente una mina vinculada a la industria siderometalúrgica de la región, gestionada por una empresa que ha cambiado de nombre varias veces pero ha permanecido invariablemente dirigida por un general en activo: Leonid Akimovich Tsirkunov. Un antiguo funcionario comunista regional, en cambio, afirmó que se trata de un refugio de última línea para la dirigencia rusa en caso de guerra total; esta es la opinión más extendida en Occidente. Otras voces aseguran que se trataría de un almacén de reserva de armas atómicas: está cerca del enorme conglomerado de ciudades cerradas para la construcción de armamento especial en torno a Chelyabinsk, equidistante a tres polígonos de lanzamiento de misiles termonucleares (Nizhny Tagil, Yoshkar-Olá y Dombarovsky, este último con capacidad espacial).



La mano muerta


En la actualidad, no existe ningún dato sobre qué hay bajo el monte Yamantau. Se ha llegado a especular que los rusos han excavado allí una ciudad subterránea con capacidad para 60.000 personas. Las hipótesis más moderadas apuntan a que se trata de un refugio para altos mandos rusos en caso de conflicto nuclear. No obstante, la mayor parte de hipótesis apuntan a que el complejo es un silo de misiles balísticos intercontinentales que forma parte del sistema Perimeter, también conocido como La Mano Muerta (Dead Hand).

Perimeter era un sistema automatizado de lanzamiento de misiles pensado para contraatacar incluso aunque no quedara nadie vivo en Rusia para apretar el famoso botón rojo. La idea era que una red de sensores sísmicos, de radioactividad y de presión sirvieran para activar las armas sin intervención humana en caso de que detectaran una explosión nuclear en suelo soviético. Se supone que el sistema solo se activa en caso de crisis, pero no falta quien dice que está activo todo el tiempo. Se desconoce si Rusia utiliza el sistema en la actualidad, aunque es posible que aún sea funcional. Un artículo en 2009 de la revista Wired aseguraba la existencia del dispositivo, listo para actuar y cuyo sistemas seguía recibiendo actualizaciones.


Área Restringida


Lo único cierto es que está completamente prohibido penetrar en el área, y los montañeros locales que se han aventurado bajo el paraguas de alguna federación deportiva, dicen que es muy peligroso acercarse a la montaña: cuando lo intentas, pronto descubres que hay soldados controlando tus movimientos desde los bosques circundantes. Si te aproximas un poco más, te piden la documentación y te preguntan qué haces por allí. A los excursionistas locales se les permite llegar hasta una cima cercana -el Mashaki o Pequeño Yamantau-  por senderos autorizados. Según cuentan, en la cumbre del Yamantau propiamente dicho sigue habiendo un busto de Lenin (es el pico más alto de los Urales Meridionales).

La zona está totalmente clausurada a extranjeros e incluso a ciudadanos rusos sin alguna razón clara que justifique su presencia. Para acceder a la población cerrada, hay que obtener una invitación previa de alguna entidad autorizada y luego presentar una solicitud motivada ante el FSB (ex KGB) local vinculado a una cierta "unidad militar 55041" -o ante la Embajada Rusa en tu país-. Las autoridades rusas se reservan el derecho de rechazar estas solicitudes sin dar ninguna explicación, o limitarlas a una fecha o recorrido determinados. El espacio aéreo está restringido por completo y es conocido que hay sistemas antiaéreos S-300 en el distrito, así como interceptores MiG-31 en Perm, a menos de quince minutos de vuelo; no se sabe de nadie que haya intentado desafiar esta prohibición.

La legislación rusa prevé severas penas de prisión en algún lugar muy frío para personas –nacionales o extranjeros– capturados en violación de un área cerrada, suponiendo que no ocurra algún accidente durante el arresto. La gente de allí, según dicen, prefiere no tentar la suerte fuera de los caminos autorizados. De todas formas, nadie sabe dónde está exactamente el complejo subterráneo o sus accesos. 

En todo caso, después de los grandes enigmas que caracterizaron a la URSS durante toda la Guerra Fría, quizás estemos ante el primer gran misterio postsoviético: la instalación subterránea secreta de la montaña Mala, según los antiguos bashkires. Allí abajo (o arriba, según se mire) los rusos han cavado un agujero muy grande, y aunque oficialmente sigue siendo sólo una mina, nadie sabe lo que es. Al menos, nadie que esté dispuesto a publicarlo.