La austeridad y el casino financiero hacen de Europa el eslabón más débil de la economía mundial

La recuperación económica se desvanece y Europa comienza a verse atrapada en la deflación y el estancamiento, sin señas de una salida real a la crisis. Los planes de austeridad han significado el mayor de los retrocesos y en medio de la desaceleración económica mundial se hará inevitable una década perdida que habrá que agradecer a Ángela Merkel y Christine Lagardé. 

El casino financiero permitió la recuperación de la banca, pero nada hizo por la economía real. Las bajas tasas de interés impulsaron el juego de casino, pero nada hicieron por la inversión. La economía real fue pulverizada por los planes de austeridad y el FMI ha terminado reconociendo el daño de los planes de austeridad y de las políticas monetarias laxas, tal como reconoció que subestimó los multiplicadores fiscales...




Pero el daño ya está hecho y las consecuencias han sido desastrosas para toda la economía. La nueva operación de Mario Draghi con mil millones de euros para comprar bonos de deuda de los gobiernos es uno de las últimos y desesperados intentos del "doble o nada". La política monetaria de este juego de casino no ha tenido eficacia para superar la crisis dado que sus instrumentos fueron justamente los que la crearon. Y en estos seis años no solo no ha mitigado sus fauces desestabilizadoras sino que ha creado nuevas e insondables burbujas al amparo de la banca en la sombra y los derivados financieros. 

Las políticas laxas y las cuantiosas inyecciones de liquidez no solo sembraron las semillas de la próxima crisis con el hinchamiento de las burbujas especulativas, sino que también desmantelaron todo el sistema de protección social y así es como hoy los países están mucho más desamparados que en los años de la quiebra de Lehman Brothers.

Por eso no debe causar sorpresa que los datos publicados en los últimos días de Alemania, Francia e Italia confirmen la inminente recesión y la fuerte espiral deflacionaria que sufre Europa, como aquella que llevó a la Gran Depresión de los años 30 en Estados Unidos tras las malas políticas para superar la crisis que estalló en octubre de 1929. La historia se repite merced a las propias torpezas humanas y así es como ahora la recuperación se hace cada día más lejana pese a que a comienzos de año Europa estaba inundada en optimismo. Ahora las expectativas de crecimiento e inflación para este año y el próximo son revisadas a la baja en cada nuevo informe... La recuperación se desvanece y el riesgo de entrar a un largo y oscuro túnel ha llegado nuevamente.

Deflación, deuda, desempleo


A siete años desde que comenzaron a sentirse los primeros síntomas de un sistema económico perverso y dañino la situación sigue empeorando. El débil crecimiento seguirá manteniendo alto el desempleo y con ello el desmoronamiento del consumo y la inversión. Europa ha caído en la trampa del desempleo, la deflación y el alto endeudamiento (la trampa 3D, como apuntamos en enero) y su delicada situación económica causará serios estragos a la economía mundial. La caída de la demanda está presionando a las fuerzas deflacionarias y con esto el peso de la deuda se hace más significativo. 

Si la inflación consigue licuar la deuda pública y privada, con la deflación la deuda se solidifica y rigidiza. La deflación es más dañina que la inflación en escenarios de alto endeudamiento donde no existe apuro por comprar dado que comprar mañana es mejor que comprar hoy. El curso deflacionario en que se ha sumergido la economía europea es uno de los más claros signos del mal diagnóstico que siempre tuvo la troika sobre la crisis.

La desaceleración y el estancamiento amenazan con ser prolongados y esto afectará el desarrollo económico de largo plazo. Parte de esta tendencia la confirman las constantes revisiones a la baja en la proyecciones de los países más poderosos de la eurozona. El futuro está en peligro y de esto dan cuenta los magros niveles de inversión que, como porcentaje del PIB, aún no recuperan los niveles existentes antes del estallido de la crisis, en septiembre de 2008. Europa no está invirtiendo y esto causará una disminución en el crecimiento potencial y en las perspectivas de la economía europea, convertida hoy en el eslabón más debil de la economía mundial.