La bomba atómica española que nunca prosperó

 
 
El sueño inconfesable de una bomba atómica española surgió casi al día siguiente del ataque sobre Hiroshima y Nagasaki. A la sombra de dos militares Luis Carrero Blanco  y el jefe del Estado Mayor, general Juan Vigón se lanzó un programa para poder obtener y dominar esa tecnología.
El alma de las investigaciones fue un ingeniero de la Armada, José María Otero Navascués. Fue un auténtico pionero. La energía nuclear estaba considerada en todo el mundo como alto secreto militar y el régimen español se encontraba más aislado que nunca.

Gracias al trabajo de José María Otero Navascués, cuando el presidente Eisenhower lanzó, en 1955, el programa Atomos para la paz, España poseía ya unos conocimientos teóricos "razonables". La prueba es que una comisión estadounidense que nos visitó en ese mismo año escribió, en un informe al Senado norteamericano, que "España es el quinto país del mundo en cuanto a conocimientos sobre física nuclear".

El desarrollo de la tecnología nuclear fue tan elevado y las aspiraciones tan ambiciosas que en 1957 se elaboran en España los primeros proyectos para la instalación de Zorita y Garoña,  ese mismo año había empezado a funcionar la primera central civil norteamericana, además se construyeron tres reactores para investigación.

En 1971, el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), elaboró un informe confidencial en el que señalaba en sus conclusiones que "España podía poner en marcha con éxito la opción nuclear militar". Según este estudio, nuestro país podía dotarse rápidamente su propio armamento nuclear utilizando las instalaciones de las que ya disponía. Se subraya la importancia de la central de Vandellós como fuente de plutonio militar. Por último, el estudio indicaba la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear en el desierto del Sáhara, con un coste aproximado de 8.700 millones de las pesetas de entonces.

Un informe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) elaborado en octubre de 1974, pero conocido en febrero de 1977, afirmaba que un grupo de seis países, entre ellos España, "podría disponer de su propio armamento atómico en siete o diez años".

Tras varios años de presiones norteamericanas, el 1 de abril de 1981 España firma un acuerdo con la OIEA (Organización Internacional de la Energía Atómica) para someter a controles e inspecciones sus instalaciones nucleares, en 1987 el gobierno de Felipe González firma el TNP (Tratado de no proliferación de armas nucleares), se daba carpetazo al asunto de la bomba atómica.

Pese a todo, hoy en día España tendría capacidad más que suficiente para desarrollar la bomba en un plazo de tiempo relativamente corto, ya que en el país operan doce reactores nucleares de fisión y es muy dudoso que los avances conseguidos durante la dictadura franquista fueran destruidos (no se debe olvidar que se trataba de un programa nuclear bastante avanzado).

Fuentes militares francesas opinan que si Europa quiere tener una defensa independiente de Estados Unidos, es necesario que un tercer país de la Unión tenga armamento nuclear, y el más adelantado para ello es España. Además, en la Armada Española hay informes que instan al gobierno a construir submarinos nucleares como pieza estratégica en el control del estrecho, destacando que estos submarinos son bastante inútiles sin armamento nuclear.

Estudios del 2004, revelan que España tiene la suficiente tecnología y recursos y podría construir armas nucleares o desarrollar un programa nuclear en cuestión de meses, pudiendo construir varias bombas al año. Posee reservas de uranio y 10 grandes centrales nucleares que produjeron el pasado año la quinta parte de la energía consumida. España posee, además, una fábrica de combustible nuclear en Juzbado, Salamanca y un centro de almacenamiento de residuos radiactivos de baja y media actividad en El Cabril (Córdoba), en plena Sierra Morena.
 
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