Oscuros vaticinios del antropólogo más influyente del mundo sobre el futuro de la humanidad

Yuval Noah Harari es uno de los antropólogos más influyentes de la actualidad. El joven profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén obtuvo fama internacional tras la publicación de “Sapiens, una breve historia de la humanidad”. El libro, que analiza de forma novedosa la evolución de la especie humana, ha sido éxito de ventas en Europa y mereció la atención de figuras como Bill Gates, Barack Obama y Mark Zuckerberg...



Era julio de 1969. El ser humano, por primera vez, había llegado a la Luna. El momento en que Neil Armstrong pisó la Luna siempre será recordado como una de las mayores conquistas de la humanidad. A la par, la invención de la rueda, la electricidad o el internet pueden ser catalogadas como proezas inaugurales del ser humano. Sin embargo, no todo lo que hemos hecho como especie es digno de ser alabado. En ocasiones hemos cometido errores o actos lamentables. La tortura, la bomba atómica, la quema de libros o el genocidio constituyen yerros graves en nuestra historia. Contraviniendo con ello una idea simplista de la evolución humana.

La intolerancia es el punto clave para explicar los actos de barbarie. Como especie, en muchas ocasiones, nos ha costado trabajo aceptar el pensamiento de los demás. Así, podemos recordar los discursos discriminatorios e intolerantes del nazismo, en Alemania, o el Ku Klux Klan, en Estados Unidos, que desembocaron en el exterminio de miles de personas por el simple hecho de practicar otra religión, tener un color distinto de piel o practicar costumbres o tradiciones distintas. Y penosamente este tipo de discursos no han quedado en el pasado, siguen vigentes y se reproducen cotidianamente en la cultura.

A diferencia de otras especies, los Homo sapiens nos distinguimos por poseer un lenguaje articulado que nos ha permitido representar la realidad y explicar cuestiones abstractas. Por ello, los seres humanos, afirma el autor, hemos podido conceptualizar la existencia de dioses o establecer un sistema económico basado en la ficción del dinero. A diferencia de los gorilas, por ejemplo, los Homo sapiens somos capaces de creer en los derechos humanos o estremecernos ante una obra de teatro. Harari enfoca sus esfuerzos de síntesis, dando como resultado la siguiente periodización histórica de lo que él llama las tres grandes revoluciones de la humanidad:

1) la Revolución cognitiva, hace 70 mil años
2) Revolución agrícola, hace 12 mil años
3) Revolución científica, hace 500 años.

En todas ellas el lenguaje nos ha permitido construir conocimiento y desarrollar la ciencia y la tecnología. Harari afirma, en este sentido, que la última gran revolución importante en la historia de la humanidad fue la Revolución científica. En ella se privilegió el papel de la razón que dio lugar al desarrollo de la tecnología... una cuarta revolución que avanza a pasos agigantados hacia el transhumanismo.


Inmortalidad, cyborgs y dataísmo


Los antepasados de los superhumanos, aquellos que dominarán a los inútiles, rinden culto a Harari, el autor de moda entre el establishment mundial, de Silicon Valley a la Casa Blanca. Tras vender 300.000 ejemplares en un país de ocho millones de habitantes, de Israel saltó a Europa y América para vender otro millón de copias de una obra que combina antropología, historia y biología, y ahora de él salen palabras como inmortalidad, cyborgs y dataísmo en un tono que a veces suena más a profeta bíblico -con más plagas que milagros- que al joven ateo que hizo el doctorado en Oxford sobre tácticas militares de la Edad Media.

Un futuro habitado por una masa de inútiles bajo el yugo de una élite de semidioses dopados con biotecnología. Si su nieto no forma parte del grupo de privilegiados lo más probable es que sea un parado crónico. La culpa de su crisis laboral no será de un chino que demuestra ser más productivo en la jungla de la globalización, sino de un ordenador.  Así es el mañana que aventura al ser humano Yuval Noah Harari, posiblemente el antropólogo más influyente de este siglo.«No predigo el futuro. Me limito a plasmar las distintas posibilidades que ofrece», puntualiza el intelectual.  Harari cree que problemas como las terribles hambrunas serán resueltos por las nuevas tecnologías disponibles, pero estima que la injusticia social se seguirá expandiendo en el futuro con innovaciones militares y tecnológicas que harán que el valor de la vida humana sea prácticamente cero.

Si hay algo que aleja a Harari de los grandes autores de la ciencia-ficción es el tema de la conciencia. La evolución de los ordenadores ha desarrollado una capacidad de cálculo brutal, si bien en ningún momento se ha producido una evolución sentimental. Robots y algoritmos no van a reproducir nuestros conflictos morales. No tendrán que ser regidos con las hermosas leyes de la robótica que inventó Isaac Asimov ni debatirán emocionalmente como el Nexus 6 de Blade Runner para confundirse como lágrimas en la lluvia. Nada de poesía. Solamente datos.

El dataísmo ya está llamando a la puerta. Según Harari, podría conquistar el mundo y reducir a cenizas al humanismo. Supongamos que nuestra concepción del universo radica en flujos de datos y que el valor de cualquier fenómeno o entidad está determinado por su contribución al procesamiento de información. Los organismos son algoritmos bioquímicos, nada más. Para formar parte de este universo estamos dispuestos a renunciar a nuestra privacidad y, sobre todo, a nuestro concepto de individuo. Vamos a pasar a ser un microchip y dejar de tener nombre propio, y nuestras experiencias sólo tendrán valor si son compartidas en las redes sociales.

La mayor revolución de la historia reciente no ha salido de ningún programa político. Las principales decisiones sobre la Red (intimidad, seguridad, mercado laboral...) no han sido tomadas en parlamentos, sino por ingenieros y empresarios que no representaban a nadie. La política se ha alejado totalmente de la tecnología. En los próximos 50 años, la Inteligencia Artificial y la ingeniería genética serán determinantes en nuestras vidas, pero nadie las menciona, ni siquiera en unas elecciones tan importantes como las recientemente celebradas en Estados Unidos. ¡La tecnología más sofisticada citada en campaña fue la relacionada con los emails enviados por Hillary Clinton desde un servidor equivocado!